Desde los primeros minutos, Carolina Alba sitúa al oyente en ese territorio reconocible que mezcla melancolía y lucidez. No hay urgencia ni solemnidad impostada. Hay una voz que piensa en alto y que invita a acompañarla. “En estas fechas el tiempo se hace más espeso”, dice, y basta esa frase para entender que el programa no va a ir de titulares, sino de estados de ánimo.
La locución mantiene esa línea durante todo el espacio. El tono es cercano, la dicción clara, el ritmo contenido. No se subraya lo importante porque todo parece tener el mismo peso: una reflexión personal, una cita literaria, una recomendación de lectura. Esa naturalidad es una de las marcas del programa y, probablemente, una de las razones por las que sigue resultando reconocible después de tantos años en antena.
El eje del programa es la conversación con Sergio Fanjul, que presenta su ensayo Cronofobia (Ed. Arpa). La entrevista no funciona como promoción editorial al uso. Más bien se despliega como un diálogo tranquilo sobre el miedo al paso del tiempo, la nostalgia, la dificultad de imaginar el futuro o la forma en que la sociedad gestiona la muerte. Hay momentos especialmente logrados, como el relato del ascensor familiar que atraviesa generaciones y que, escuchado en voz alta, adquiere una fuerza casi narrativa:
“Ese ascensor nos sobrevivirá y seguirá subiendo y bajando hasta el fin de los días”.
Es uno de esos fragmentos que explican por qué el espacio sigue apostando por la radio hablada sin artificios. El texto, la voz y el silencio hacen el trabajo.
A partir de ahí, el programa se articula con sus secciones habituales, sin que ninguna rompa el hilo general. Javier Lostalé mira al pasado para celebrar aniversarios significativos, como el cincuentenario de Sepulcro de Tarquinia de Antonio Colinas o el centenario de Ángel González, recordándonos que hay libros que envejecen mejor que nosotros. Ignacio Elguero se asoma a los escaparates con recomendaciones pensadas para las vacaciones, sin prisa ni acumulación. Y Sergio Fanjul regresa para hablar de cartas, despedidas y literatura epistolar, un tema que encaja con naturalidad en una edición que está, en el fondo, diciendo adiós al año.
El cierre llega con Mariano Peyrou y el poema de Gonzalo Rojas escrito para celebrar sus ochenta años. No hay fuegos artificiales. Hay una lectura compartida, comentarios al margen, silencios que también dicen cosas. “Lo irreparable es el hastío”, se escucha, y cuesta no sentir que esa frase resume bien el espíritu del programa.
Desde el punto de vista del oyente, La estación azul se percibe como un espacio que no exige atención constante, pero que la recompensa cuando se le concede. No es un programa para escuchar a saltos, ni para consumir de fondo sin más. Es un lugar al que uno entra sabiendo que va a salir con alguna idea rondándole la cabeza.
La producción sonora acompaña sin hacerse notar. El audio es limpio, la música aparece cuando tiene sentido —en este caso The Smiths, conectando memoria personal y cultura pop— y el control técnico de Puerto Martín sostiene el conjunto con discreción.
Como fortalezas, el programa mantiene una coherencia editorial clara, una conducción sólida y un respeto evidente por el oyente. No hay necesidad de simplificar en exceso ni de demostrar erudición. Como posible límite, su ritmo pausado puede no encajar con quienes buscan formatos más rápidos, pero eso forma parte de su identidad.
A lo largo de recientes ediciones, el programa ha abordado títulos y temas como La edad infinita, Economía y poesía, Fuera del canon o Cosmopoética, siempre desde una mirada amplia y poco dogmática.
Ignacio Elguero y Javier Lostalé fueron los creadores del programa hace más de dos décadas, cuando nació como un espacio centrado exclusivamente en la poesía en Radio 3. Tras su traslado a Radio Nacional de España y su transformación en un programa de literatura en sentido amplio, ambos siguieron vinculados al proyecto, ya no como directores, sino como colaboradores habituales.
Su larga trayectoria en las ondas no se debe a modas ni a fórmulas cambiantes, sino a una manera constante de entender la radio cultural: escuchar antes de hablar, leer antes de recomendar y pensar antes de opinar. En un medio cada vez más acelerado, el programa ha sabido mantenerse fiel a su ritmo y a su mirada, convirtiéndose en un espacio reconocible para varias generaciones de oyentes.
Imágenes generadas con tecnología DALL·E 3 por el generador de imágenes de Bing.

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